Polín tiene 11 años y vive internado en un reformatorio para menores, donde soporta un régimen estricto bajo la mirada severa de los celadores. Los días transcurren entre castigos y la frialdad de los muros que encierran su infancia. En ese ambiente opresivo, el chico alimenta un único deseo: escapar. Cuando logra fugarse, vuelve a su barrio en la villa miseria buscando refugio junto a su madre. Pero la libertad tiene sus propias sombras, y el mundo exterior no ofrece el consuelo esperado.